Una pintora nahua chicontepecana de hoy

Norma Martínez. (Foto cortesía de Norma Martínez.)

Es agradable conocer y diseminar la trayectoria de vida de Norma Martínez, una hablante de náhuatl que a través de su trabajo se destaca como una mujer intelectual. En esta breve biografía, basada en entrevistas de 2015 y conversaciones de ahora, se pretende mostrar la historia de una mujer, desde cómo fueron sus inicios hasta cómo ha venido desarrollando su trabajo artístico en la actualidad. Conocer el trabajo y la vida de esta pintora será del agrado del público en general, pero también de aquellos jóvenes hablantes de una lengua mexicana que les pueda servir de inspiración para sus emprendimientos en la pintura.

Norma Martínez Martínez nació el día 29 de noviembre de 1979 en una pequeña comunidad que se llama Lindero, Xoquixhual, localizada en el municipio de Chicontepec, en la zona norte del estado de Veracruz. Norma pasó la niñez y la adolescencia en su comunidad natal con mucha armonía junto a su familia. Los padres de Norma trabajaban en la milpa y su madre trabajaba también en casa. Cuando Norma era niña y vio cómo sus papás trabajaban en la milpa, quería ir con ellos, pero no le daban permiso. Por eso ella iba a caminar por los bosques y los ríos y sólo en ocasiones visitaba la milpa familiar.
Norma estudió la escuela primaria en su propia comunidad. Para cursar la escuela telesecundaria en 1991 necesitó estudiar en la comunidad de Tepoxteco y tuvo que caminar una hora cada mañana para llegar temprano a la escuela. Norma expresa, “A mí me gustó mucho caminar, siempre caminar en los senderos para ir a estudiar, aunque a veces llovía, pero como ya tenía a mis amigos en Tepoxteco, por eso me gustó mucho más caminar por las mañanas”.
Ella tuvo excelentes profesores en la escuela telesecundaria que le dieron grandes enseñanzas. También le enseñaron cómo jugar algunos deportes, así también le enseñaron algunas actividades artísticas que ella aún desconocía. Un día el profesor Oscar Sánchez les asignó a los estudiantes que hicieran una pintura, que dibujaran algo y después que lo desarrollaran bien usando varias pinturas. Norma exclama con un poco de aflicción, “Yo no pude hacer ese trabajo porque mi papá no me dio dinero para comprar las pinturas”.

El paisaje de Chicontepec, con un campo de maíz en primer plano y montañas en la brumosa distancia. (Foto cortesía de Abelardo de la Cruz.)

Después cuando se presentó en la escuela, el profesor le dijo, “No hiciste bien tu tarea”. Norma se sintió muy triste porque no pudo terminar aquella tarea. Después su profesor le dijo, “Hazlo otra vez”. Norma dibujó y pintó una montaña conocida como Poztectli y le quedó muy bien aquel dibujo. A su profesor también le gustó mucho. Norma no sabía si ella podía dibujar, pero después de eso, empezó a dibujar todo lo que le gustaba. Después continuó sus estudios medio superiores fuera de Chicontepec.

Cuando Norma terminó de estudiar la secundaria en 1995, sus papás la enviaron a estudiar la preparatoria en el municipio de Tantoyuca, Veracruz, porque allí había una buena escuela. Allí continuó también su preparación en la pintura. En la preparatoria Norma empezaba a elaborar sus pinturas, dibujando a algunos de sus amigos. En el año 1999, Norma fue a estudiar la universidad en Saltillo, Coahuila. Allí cursó Ingeniería en Ciencia y Tecnología de Alimentos, en la Universidad Autónoma Agraria “Antonio Narro”, y al mismo tiempo comenzó a estudiar mucho más sobre la pintura. Ella hacía paisajes y también pintaba desnudos. A partir de entonces empezó también a vender parte de sus trabajos de arte.

En 2002, justo al terminar de estudiar en Saltillo, Norma se fue a vivir a la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Empezó a trabajar, pero nunca olvidó su buen talento. Narra en 2015, “Yo trabajo en una fábrica de chocolate, allí me pagan bien y yo también trabajo en casa y a veces vendo una de mis pinturas. Vendiendo mis pinturas, también gano un poco de dinero, pero no es de siempre”.

Con el paso de los años, Norma se hizo de su propia casa en el Municipio de Escobedo, Nuevo León. Cuando hace una pintura, trabaja con las técnicas del óleo, pastel, carbón y acrílico. A Norma le gusta también pintar su vida en Nuevo León y por eso también dibujó la montaña del Cerro de la Silla de Monterrey, pero la pintó con la silueta de una mujer desnuda.

Esta pintora no pierde la conexión con la tierra donde nació. Por esa razón ella realiza pinturas de la cultura en relación con macehualmeh ininnentlan, “el entorno geográfico de los hablantes de náhuatl”. A Norma le agrada plasmar en sus pinturas lo que le gusta y en ocasiones lo que le disgusta de la vida del macehualli, “los hablantes de náhuatl”. En esta ocasión Norma comparte dos pinturas: la primera se titula icniuhtlan “amistad” (2018) y representa la conexión de los miembros de la cultura nahua con su tierra de origen o de su pueblo; la segunda pintura se titula tlamacahualiztli “despedida” (2017) y representa a la gente nahua en un cementerio despidiendo a un ánima. En esta última imagen Norma retrata el fallecimiento de su abuela.

Norma Martínez. (2018). Icniuhtlan (Amistad). [Acrílico en óleo, 100 cm x 80 cm]. (Imagen cortesía de la artista.)

Norma Martínez. (2017). Tlamacahualiztli (Despedida). [Acrílico en óleo, 100 cm x 80 cm]. (Imagen cortesía de la artista.)

Hace algunos años, justo cuando Norma cursaba sus estudios de ingeniería, algunas de sus obras se expusieron en la Universidad de Coahuila “Antonio Narro”. A partir de allí iniciaron sus exposiciones junto a otras mujeres, tal como la titulada, “cuatro mujeres, cuatro sentimientos, cuatro mujeres de la Narro”. Ahora Norma desarrolla su trabajo en el estado de Nuevo León, México y ha presentado sus obras en exposiciones en la Universidad de Yale (2017), la Universidad de Texas, en Austin (2018), y la Universidad de Utah (2019). Norma es una mujer nahua que hace un trabajo que pocas personas nahuas realizan. Enfatiza, “Me gusta mucho pintar porque eso me hace fuerte”.

Hay muchas personas de las comunidades de Chicontepec que residen en varias partes de México y que hacen trabajos excepcionales. Desafortunadamente no se conocen mucho debido a que no hay contacto entre nosotros, sólo escuchamos que alguien está haciendo algo en alguna parte. Norma concluye su historia resaltando con emoción, “Renuncié a mi trabajo en la fábrica de chocolate el 5 de julio de 2021 para dedicarme de lleno al arte. Es algo que ya había planeado desde antes”. Tal como varias personas nahuas que persiguen sus sueños como puedan, Norma está realizando su vida y sus planes como ella quiere: ahora ella continúa desarrollando su arte y se dedica de tiempo completo a la pintura.

Abelardo de la Cruz es un estudiante de doctorado en el Departamento de Antropología en la Universidad Estatal de Nueva York, Albany. Su lengua materna es el náhuatl y actualmente trabaja como instructor de lengua en la UC Berkeley y en la Universidad de Utah. 

Deborah Meacham tradujo la versión al inglés del artículo
en español.

John Joseph Sullivan fue el editor invitado para los textos en español y náhuatl.

Deborah Meacham es la editora del Berkeley Review of Latin American Studies.